Jacob Petrus: «El cambio climático ya no es una hipótesis y la transición ecológica es una necesidad»
Tremendamente popular como director y presentador del programa ‘Aquí la Tierra’, de TVE Jacob Petrus participará en la primera jornada del eForum, el 10 de junio
Jacob Petrus dirige y conduce el programa ‘Aquí la Tierra’, de TVE, desde hace doce años.
Jacob Petrus es geógrafo y uno de los divulgadores ambientales más influyentes de España. Ha desarrollado una brillante carrera en medios de comunicación, destacando como director y presentador del programa Aquí la Tierra en TVE desde 2014. Petrus participará en la primera jornada del eForum, el miércoles de 10 de junio en la Sala Aljub de Es Baluard Museu. Su ponencia, prevista a las 10.30 horas, se titula El Mediterráneo: un punto crítico ante la crisis climática, en el marco de la sesión El agua ante el reto climático. Soluciones y futuro. Los interesados en asistir al eForum pueden inscribirse a través del código QR que aparece en esta página.
¿Cómo valora la organización de eventos como el eForum?
—Eventos como el eForum son fundamentales en un momento en el que nos enfrentamos a una crisis medioambiental de enorme complejidad. Hablamos de contaminación, pérdida de biodiversidad, cambio climático o seguridad alimentaria, desafíos que exigen decisiones acertadas y, sobre todo, transparencia. La ciudadanía debe comprender tanto los problemas como las posibles soluciones para poder implicarse activamente. La responsabilidad no puede recaer únicamente en las administraciones o en las grandes empresas.
Siempre se afirma que el Mediterráneo es el mar que más sufre el calentamiento.
—El Mediterráneo es uno de los puntos más sensibles del planeta frente al cambio climático. Se está calentando a un ritmo aproximadamente dos veces superior a la media global, lo que convierte a este ecosistema en especialmente vulnerable. Lo percibimos en el aumento de las noches tropicales y también en la disminución de los recursos pesqueros, agravada por la sobrepesca y por la expansión de especies invasoras favorecidas por el incremento de las temperaturas. Además, los temporales son cada vez más frecuentes e intensos, provocando una mayor degradación de playas y paseos marítimos. A ello se suman fenómenos extremos como las lluvias torrenciales, que se repiten con mayor frecuencia y virulencia. Estos cambios afectan a los ecosistemas, a la disponibilidad de agua, a la agricultura, al turismo y, en definitiva, a numerosos aspectos de nuestra vida cotidiana.
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Su programa en TVE, ‘Aquí la Tierra’, lleva doce años de emisión. ¿Se lo esperaba?
—Cuando estrenamos Aquí la Tierra en mayo de 2014 teníamos muy claro qué programa queríamos hacer. Doce años después, sigue siendo uno de los espacios más vistos de la tarde en TVE y creo que gran parte de ese éxito reside precisamente en esa claridad de planteamiento. No es un programa científico en sentido estricto, aunque utiliza la ciencia como herramienta para entretener y explicar nuestro entorno. Hablamos del territorio, de la geografía, del clima, de la gastronomía, de los paisajes o de los animales.
Los científicos siempre hablan de la divulgación, pero no siempre cumplen con ella.
—La comunidad científica ha avanzado mucho en su capacidad para comunicar. Cada vez más investigadores entienden la importancia de divulgar su trabajo y acercarlo a la sociedad. Sin embargo, los medios de comunicación suelen moverse a una velocidad que dificulta el análisis profundo de cuestiones complejas, especialmente en disciplinas como la climatología, donde los procesos requieren contexto y perspectiva.
¿Considera que la población, en general, tiene un conocimiento suficiente de las problemáticas ambientales y climáticas?
—La sociedad actual posee un nivel de conocimiento científico mucho mayor que el de generaciones anteriores y eso facilita una comprensión más profunda de problemas como el cambio climático. La mayoría de las personas entienden perfectamente qué significan las olas de calor o el aumento de las temperaturas.
Sin embargo, la crisis ambiental es cada vez más amplia y compleja. Ya no hablamos únicamente de cambio climático, sino también de biodiversidad, contaminación, energías renovables, energía nuclear o microplásticos. Incluso quienes nos dedicamos a la divulgación tenemos dificultades para seguir el ritmo de todos estos debates. Por eso es tan importante combatir la desinformación y las noticias falsas que circulan por las redes sociales.
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¿Qué opina sobre las corrientes negacionistas del cambio climático?
—Me preocupa que aún existan posiciones negacionistas respecto al cambio climático. Cuando un asunto deja de analizarse desde los datos y se convierte en una cuestión de fe, desaparece el razonamiento y surge la confrontación. El cambio climático ya no es una hipótesis ni una predicción: es una realidad observable en el aumento de las temperaturas, en los cambios de los ciclos naturales y en numerosas transformaciones ambientales.
¿El negacionismo puede ser una reacción a un cierto alarmismo climático o al cansancio por noticias negativas sobre esta cuestión?
—Es comprensible que muchas personas experimenten frustración ante los problemas medioambientales. A menudo existe la sensación de que las acciones individuales tienen un impacto insignificante frente a los grandes focos de contaminación. Esa percepción puede desembocar en la indiferencia o el desánimo. La clave es no caer en la resignación y comprender que la solución requiere el compromiso de todos.
¿Hasta qué punto tenemos que acelerar los procesos y las transiciones para mitigar los efectos del cambio climático?
—La transición ecológica no es una opción, sino una necesidad. Somos plenamente conscientes de que nuestro modelo de desarrollo tiene consecuencias sobre el medio ambiente y sabemos cuáles son los grandes desafíos: la contaminación, la pérdida de biodiversidad y la crisis climática. Por eso resulta mucho más inteligente invertir en prevención que intentar reparar daños que, en muchos casos, pueden llegar a ser irreversibles. La transición ecológica no significa regresar al pasado ni renunciar al progreso. Al contrario, implica mirar al futuro y hacer las cosas de una manera diferente. La tecnología desempeña un papel decisivo en este proceso, especialmente en ámbitos como la energía, y debemos seguir apostando por la investigación y la innovación para construir una sociedad más sostenible y con una mejor calidad de vida para el presente y para el futuro.



