Víctor Malagón30 de mayo de 2026
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Imagen de Ricardo Aguilar.

Ricardo Aguilar, referente en exploración oceanográfica y asesor senior de Oceana, con dácadas de investigación y activismo a sus espaladas intervendrá el miércoles 10 de junio a las 16.00 horas en el eForum. Bajo el título El fondo marino ante el cambio climático analizará la vulnerabilidad de los fondos frente a la actividad humana y su papel crucial como el mayor almacén de carbono del planeta.

¿Cómo se nota el impacto del cambio climático en las profundidades del mar?
—Depende mucho de cuál sea la profundidad. Los cambios se notan más en las zonas superficiales; en las profundas tardarán más tiempo, pero se empiezan a notar. Ya no son solamente los problemas conocidos como el calentamiento o el cambio de corrientes, también hay cambios químicos en la columna marina. Los fondos son importantes para la fijación del CO2​.

¿Son los bosques marinos el gran sumidero de carbono?
—Son uno de los grandes pulmones por la fijación que producen de CO2​. Está el caso de las praderas, como las de posidonia, que tienen una capacidad enorme, pero no son las únicas: los manglares, los humedales costeros o las algas...

Además del aumento de la temperatura, ¿qué otros cambios están ocurriendo en el agua?
—Lo que se está viendo es que, aparte, está el fitoplancton, que es fundamental, y finalmente los fondos sedimentarios. Se está viendo que, aunque sí hay una gran fijación de carbono en los organismo, donde se ha estado fijando durante millones de años ha sido en los fondos por exportación. Cuando mueren, los organismos marinos terminan en los fondos y terminan enterradas, y ahí se almacena la mayoría del carbono que hay en los océanos. Más del 90 por ciento del carbono secuestrado está en los fondos marinos.

¿Y puede salir de ahí?
—Los principales peligros son todo lo que sea remoción de los fondos sedimentarios. Lo que se está discutiendo es que algunas actividades los ponen en suspensión. Algunas pesquerías, como las de arrastre.

¿Qué efectos se están observando ya en los ecosistemas del fondo marino?
—En las últimas décadas se han producido cambios muy importantes en los fondos: mortalidades masivas de algas, esponjas... y lo que estamos viendo es esa pérdida de nuestros aliados que fijan el CO2​ por la destrucción física. Hemos perdido praderas, bosques de algas... Los últimos estudios están demostrando que todos los organismos en el fondo marino tienen capacidad de fijación de carbono. Esto es una de las cosas que me gustaría resaltar: la importancia de que estén bien conservados.

¿Y en el Mar Balear?
—Es muy peculiar. Nos encontramos no solo con las grandes praderas de posidonia, sino que, al ser unas aguas tan cristalinas, permiten que la luz entre a grandes profundidades; a más de 140 metros las hemos encontrado. La zona de fijación es más grande que en otros lugares.

¿Qué hacer para proteger esos fondos?
—Tendría que haber una estrategia marina que se centrara más en la protección de los fondos. Por ejemplo, en el caso de Baleares, el 50 por ciento del promontorio balear está bajo alguna figura de protección. De ellos, un 47 por ciento por los fondos, pero cuando vamos a ver qué porcentaje real de protección estricta hay, no llegamos ni a un ocho por ciento. Esto es lo que tiene que cambiar. Si son importantes, no podemos no protegerlos ni cuando están en una zona protegida. Hay que crear nuevas reservas en general para frenar la pérdida y que se protejan los fondos. Una prioridad para las especies fijadoras de carbono y para todas las especies.

¿Cuáles son las actividades humanas más agresivas para ell fondo marino?
—La pesca es una de las más dañinas, pero existen muchas otras: todo lo que es extracción de minerales, de petróleo y de gas, y luego la contaminación en general, porque mata a estos organismos. El plástico lo que puede hacer es colmatar o cubrir las zonas de fijación de carbono, aparte del daño más directo que generan.

¿Qué debemos hacer mientras tanto ante el calentamiento?
—Ahora mismo el problema, y lo que ocurre con los océanos, es que se calientan más lentamente y se enfrían más lentamente. Van a tardar mucho más en enfriarse; son ciclos de 500 años. Aunque ahora se acabara con las emisiones, esto tardaría siglos. Cuanto antes se limite, mejor, porque habrá menos CO2​ y un calentamiento menor. Tenemos que hablar de cómo acomodarnos y cómo prepararnos para esos cambios que se van a producir. Tener aliados en el ecosistema marino que nos ayuden a fijar ese CO2​ lo antes posible y también ver cómo protegemos a muchas especies.

Ante este escenario, ¿las especies de profundidad lo tienen más complicado?
—Las especies que llegan a zonas más superficiales están yéndose a zonas más profunda; otras no pueden. Los reservorios están quedando en zonas profundas y desde donde vamos a poder recuperar. Gorgonias que se mueren a 20 o 30 metros, sobreviven a 40, y son las que van a permitir regenerar esas colonias que van desapareciendo. Vemos cómo algunos bosques van retrocediendo y quedan en zonas de mayor latitud, en países de más al norte, y que es de ahí de donde se pueden volver a recuperar. Es más frágil, pero hay algunas especies que lo tienen más complicado, como pasa en tierra. Igual que la semilla cae al lado del árbol, en el mar, las larvas se van depositando cerca de la madre; en otras especies, las larvas pueden viajar y son más fáciles para que se puedan recuperar.

¿Recuperar actividades pesqueras es un peligro?
—No necesariamente se destruye todo, depende de qué pescas se van a autorizar. Hay algunas que no son perfectamente sostenibles, otras tienen unos impactos muy fuertes. El anclaje de barcos o poner emisarios sí que tienen un impacto reconocido y directo. Si lo que estamos es utilizando un palangre, un cerco, artes sin impacto, no hay ningún problema. Hay que acondicionarlo a las capacidades del medio para no provocar daños. Los peces también importan. Todos los organismos fijamos carbono; cuanto mayor sea la biomasa, mejor, porque el carbono está sobre los organismos.